Evangelistajuan's Blog
La mentalidad del Reino

La estructura piramidal del Imperio romano: los ricos y los pobres


Como ocurre normalmente en las sociedades humanas, tam¬bién la sociedad del Imperio era piramidal: en la cúspide se sitúa la aristocracia (patricios u honestiores) y a partir de ella, escalonadamente, el resto de la sociedad (plebeyos u humiltores), según el grado de libertad (libres, libertos o esclavos), sus derechos ciudadanos (ciudadanos romanos, ciudadanos de las capitales y ciudades de provincias o campesinos), su procedencia étnica (romanos, ítalos, extranjeros o bárbaros), sus posibilidades económicas (trabajadores o indigentes) o su sexo (varones o hembras) .
Las características propias de los niveles superiores de esa pirámide social eran: ser ricos, libres, honorables y tener acceso a los altos cargos públicos, es decir, a las esferas de poder. En cambio, las características de la inmensa mayoría situada en los niveles inferiores eran, por lo general: no poseer riquezas, trabajar para vivir o depender de otros para la subsistencia, y no poder ocupar ningún puesto de relieve en la administración estatal, regional, provincial o municipal .
La sociedad del Imperio ha sido definida como una sociedad estratificada y estable, en donde el tránsito de un nivel social a otro superior fue escaso y, por consiguiente, en donde había pocas ex-pectativas de cambio . Sin embargo, es innegable que hubo personas que lograron subir en la escala social, aunque era tal el peso del status original, que hizo falta el transcurrir de generaciones para que sus descendientes fueran aceptados como iguales por aquellos que pertenecían al nivel social al que habían logrado ascender .
Desde el ángulo estrictamente económico, había en el Imperio dos categorías, separadas por un abismo: los ricos y los pobres . Los primeros (los plousioi o dives), disponían de medios y recursos abundantes para vivir con la mayor holgura sin necesidad de tener que trabajar; los segundos, comprendían tanto a los que para poder vivir dependían de su trabajo (los penétes o pauperes), cuanto a los que no podían sobrevivir sin mendigar (los ptókhoi, egentes o indigentes) .
La prolongada paz que reinó en el Imperio romano durante la época julio-claudia propició el progreso económico en el mundo mediterráneo, permitió que hubiera un contacto más estrecho entre sus diversas partes y facilitó la movilidad social . Esto hizo que el número de personas ricas se incrementara bastante. Sin embargo, paradójicamente, la riqueza se fue concentrado cada vez más en pocas manos, debido, sobre todo, a dos razones: 1ª) a que los ricos extendieron sus, ya de por sí, grandes latifundios mediante la adquisición de tierras de pequeños campesinos endeudados o en quiebra, controlando de este modo los bienes de primera necesidad y no pocos negocios derivados de los productos de la tierra; 2ª) a los matrimonios entre miembros de familias acaudaladas, que acre-centaron el patrimonio de éstas.
El porcentaje de pobres era elevadísimo. Si exceptuamos la ciudad de Roma, donde el número de mendigos y menesterosos era inmenso y su situación infamante, en la parte oriental del Imperio, a la que pertenecía Palestina, los pobres no sólo estaban más empo¬brecidos que en la occidental, sino que, al parecer, eran más numerosos ¬que en ésta. Además, los pobres, en Oriente, no tenían los mismos derechos ciudadanos que los ricos; mientras que, en Occidente, aunque fueran considerados por la gente acomodada casi con tanto desprecio como a los esclavos, si eran libres y gozaban de la condición de ciudadanos, tenían en principio los mismos derechos ciudadanos que los ricos.
Por su condición de indigentes, los pobres eran generalmente considerados por los ricos como ociosos, embusteros, ladrones, codiciosos de los bienes de los acaudalados, gente sin honor, empujados por su situación a toda clase de vicios y no merecedores de confianza alguna. La pobreza se consideraba como algo natural, se atribuía a la holgazanería de los pobres mismos o al designio de los dioses, en especial, de la diosa Fortuna. Incluso en escritos sapienciales del Antiguo Testamento se observa la influencia de esta mentalidad despectiva respecto al pobre y la pobreza (cf Prov 6,11; 13,18; 24,34; 28,19; Eclo 25,2; 40,28ss; etc.) .
En este contexto, no tiene nada de extraño la ceguera y la insensibilidad de los ricos respecto a los pobres ni el hecho de que nadie se preocupara de analizar las causas reales de la pobreza. Las personas acomodadas estaban tan acostumbrados a equiparar a los esclavos con los indigentes, que miraban y trataban a ambos con el mismo desprecio. La piedad o la compasión hacia los sectores más desfavorecidos de la población brillaba por su ausencia. Si, ocasionalmente, se hacía algo por ellos, era para evitar que su si¬tuación desesperada los llevara a alterar el orden público, a motines o sublevaciones.
En el mundo greco-romano hacer el bien era incluso un deber cívico-patriótico, pero ni el griego ni el romano extendían su benevolencia hacia los pobres. En una época en donde, como lo atestiguan las inscripciones y textos literarios, las donaciones se hacían de manera interesada, esperando siempre alguna reciprocidad, los pobres, que no tenían nada que ofrecer a cambio, no podían esperar ayuda alguna. La beneficencia se limitaba a los que eran de la misma posición social, a los amigos y conocidos; no afectaba a los pobres. Este desinterés por ellos se refleja en el hecho de que en la literatura profana del tiempo ni siquiera se encuentra el concepto de limosna.
Como consta en diferentes testimonios de la época, no sólo de inscripciones sino también de escritores como Horacio, Tácito, Cicerón, Juvenal, Marcial, Séneca o Plinio, la meta de la vida era ser rico .

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2 comentarios to “La estructura piramidal del Imperio romano: los ricos y los pobres”

  1. me parece muIi biien


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